30 sept 2016

Los tips de una persona soberbia, según santo Tomás de Aquino


¿Te crees mejor en todo? ¿Te cuesta ser compañero? ¿Te cuesta ver tus defectos pero criticas fácilmente los de los demás?

La palabra “soberbia” designa un vicio negativo del espíritu, el superior a todos. Para Tomás de Aquino, el soberbio es el que tiene un amor desordenado hacia su propio bien por encima de otros bienes superiores. Es amor desordenado porque, como el soberbio no se conoce como quién es, sino que tiene un conocimiento de sí como de aquél que quiere ser, desea para él lo que no le es adecuado. El santo lo describe como el apetito inmoderado de la propia excelencia que, de paso, rebaja la dignidad ajena.
Otra nota que el de Aquino atribuye a la soberbia es que este defecto radica en la voluntad, y, precisamente por eso, el conocimiento de si mismo está distorsionado. Por el contrario, el humilde sí que se conoce bien (“donde hay humildad hay sabiduría”, dice la Escritura). Por eso, para el santo, la soberbia impide la verdadera sabiduría. En rigor, el fruto seguro de la soberbia es la ceguera de la mente y la ceguera del corazón.
Santo Tomás distingue dos tipos de soberbio: el que se gloría en sus cualidades, y el que se atribuye cosas que en realidad le sobrepasan. Obviamente el segundo es peor –también más ciego– que el primero.
La soberbia tiene que ver con la vanagloria, es decir, del amor a la gloria mundana, porque tiende a ser considerado superior a quien se es, pues así como el honor social es –según Aristóteles– el premio debido de la virtud, la soberbia busca ese honor pero sin virtud.
La soberbia se presenta sobre todo en dos frentes: en el de la ciencia, y en el del poder. En cuanto a la ciencia, es bien conocido que ésta hincha, pues el que se cree que sabe, todavía no sabe como es debido. Por lo que al poder respecta, dos son las posibles causas de soberbia: la altura del status y las obras. No es extraño, pues, que, sobre todo en una sociedad como la nuestra donde “mandar” y “obedecer” no significan exclusivamente “servir”, la soberbia se manifieste en el sentirse “señor” del cargo en vez de “administrador” del mismo.
Seguidamente se intentan rastrear tres ámbitos de este defecto. Se atiende, en primer lugar, a la soberbia para consigo mismo; en segundo lugar, para con los demás y, por último, con referencia a Dios.
Soberbia personal
La actitud soberbia lleva al convencimiento de que sin el propio criterio y experiencia difícilmente se acierta en un tema o se realiza algo con corrección. Manifestaciones suyas son la arrogancia y la jactancia: cuando se siente pagado de sus propios éxitos por encima de su verdadera valía. El soberbio siempre habla seguro de sí, de forma rotunda, y no es capaz de admitir que otros le pueden hacer cambiar de criterio. Nunca reconoce que se ha equivocado.
Soberbia propia es, sobre todo, creer que el sentido delser personal que se es coincide con el del yo que uno se ha forjado con sus títulos y curriculum y con el que barniza su mirada y actuación. En el fondo, para captar el sinsentido de la soberbia, tal vez valga la pregunta del libro de la Sabiduría: “¿De qué nos ha servido la soberbia?”, pues si por ella agoniza el propio ser personal, tras su pérdida ¿qué se podrá ganar?
Soberbia respecto de los demás
Saber que uno es mejor que los demás en algo no es en sí soberbia (es muy posible que esté fundado en la realidad), pero hay que sospechar cuando uno es mejor “en todo” y tiende a despreciar las capacidades de los demás.
Al soberbio se le “ve venir”: anda con el cuello erguido y tiene miradas altivas, indiferentes o, incluso, aparta la vista de los demás. El soberbio no favorece la libertad ajena, sino que tiende a uniformar a los demás según su criterio. La soberbia promueve asimismo la injuria, pues tras solidificar una concepción tan fijista como rebajada de demás; tiende a ponerles etiquetas en base a sus propios juicios.
Asimismo, el orgulloso se inclina fácilmente a airarse, incluso por nimiedades, cuando algo contraría su voluntad. Soberbia es también cometer claras injusticias a los inferiores sin repararlas ni pedir perdón por ellas. Cuando es él el agraviado, guarda permanente rencor al agresor.
Es difícil trabajar con un soberbio, porque tiende a ver a los demás no como compañeros sino como subordinados;se fija más en los defectos de los demás que en sus virtudes; intenta controlar en concreto el trabajo de los demás, siendo el propio inmune a todo control; el aparentar interés ante la presencia de otros cuando en realidad no se ven sino personas que molestan a sus propios intereses.
El soberbio es un ingrato cuando le ayudan; suele negarse a desempeñar tareas “inferiores” y se “excusa” cuando le corrigen . Le gusta preguntar no para aprender, sino para poner en un brete al otro; objetar no para ayudar, sino para hacer valer la propia opinión. Suele tender a la precipitación en las decisiones de gobierno; a la pérdida de tiempo en asuntos insignificantes; a la desobediencia a sus superiores, y cuando es él el superior, tiende a extralimitarse mandando algo fuera de lo debido, y a sentirse “intocable”.
Es orgullo el desprecio (máxime sin justificación racional) de cualquier otra opinión, parecer, ajeno. Otra muestra es el juicio temerario sobre asuntos inciertos y realidades futuras. Y otras, laindignación, el desdén hacia el consejo sensato de los demás, etc.
Soberbia respecto de Dios
Una vida engreída, centrada en el yo, tiende a perder de su horizonte existencial a Dios. En el fondo, si el yo recaba su propia finitud, tal pretensión favorece el ateísmo. Para Agustín de Hipona, la soberbia no es más que una perversa imitación de Dios, al único que se le debe la gloria y el agradecimiento por todo. En cambio, para Tomás de Aquino, negar a Dios es mayor soberbia que pretender ser como él. En esa situación no se pierde, desde luego, la “idea” de Dios, pero el trato “personal” con él se torna, primero una cosa pesada, y luego desaparece.
El soberbio concibe a Dios, más que como un Padre, como una achacosa abuela de ojos ciegos para con los delitos del nieto; es en el fondo, un abusador de la misericordia divina. En suma, soberbia es hacer la propia voluntad, no la divina.
La aversión a Dios que este defecto provoca es distinta a la que provocan los demás vicios, pues en aquéllos uno se separa del ser divino bien por debilidad o bien por cierta ignorancia, mientras que en éste el rechazo se produce por el hecho de que no se le quiere aceptar, ni a él ni a sus mandatos. De otro modo: los demás vicios huyen de Dios, pero la soberbia se enfrenta a él.
Tomás recoge una Glosa medieval en la que se añadía que si bien este defecto es lo que más pronto aparta de Dios, también es lo que más tarda en volver a él. Por eso es tan peligrosa.

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28 sept 2016

Zygmunt Bauman: “El diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú”

Bauman, nacido en Poznam en 1925, tuvo que emigrar con su familia a la entonces Unión Soviética cuando apenas era un niño, huyendo de la persecución nazi. Nuevamente, en 1968, tuvo que huir del que entonces era su país, escapando de la purga antisemita que siguió al conflicto árabe-israelí. Se radicó temporalmente en Tel Aviv, para luego terminar en Inglaterra, donde hizo carrera en la Universidad de Leeds. En una entrevista relativamente reciente (de enero de este año) con Ricardo De Querol para Babelia, en El País, explica cómo las redes sociales, si bien han cambiado en buena medida la manera las formas tradicionales del activismo social, no son sino un sustituto de la formación de auténticas comunidades.


Ricardo De Querol inicia su pregunta a propósito de las redes sociales citando al propio Bauman, quien señala que el activismo online es “activismo de sofá”, y que la Internet las más de las veces sólo nos “adormece con entretenimiento barato”.  De Querol pregunta, así, si las redes sociales no son, parafraseando a Marx, el nuevo “opio del pueblo”. Bauman no duda en responder que la identidad, como las comunidades, no son algo que se deba crear, sino algo que “se tiene o no se tiene”.
“Lo que las redes sociales pueden crear” –señala el sociólogo- “es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales”.
Estas habilidades, señala Bauman en su entrevista con De Querol, se desarrollan en el contacto cotidiano humano directo, en espacios compartidos, sean públicos o privados: en la calle, en los espacios de trabajo, en los que es necesaria una interacción “razonable” con la gente; esto es, en interacciones que exigen de diálogo, negociación y de apertura.
A propósito de ello, Bauman no duda en evocar el hecho de que el Papa Francisco concedió su primera entrevista después de haber sido electo como Sumo Pontífice a un periodista abierta y militantemente ateo, Eugenio Scalfari. “Fue una señal”, señala Bauman: “el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú”.

27 sept 2016

Paz y perdón, las palabras que retumban en Colombia

Las estrofas de la novena sinfonía de Beethoven, el Himno de la alegría, fueron las que sellaron un acontecimiento histórico no solo para Colombia, sino para toda América Latina. Décadas de violencia, guerra y calamidades empezaron a quedar atrás.
El gobierno de Colombia y las FARC firmaron este lunes el acuerdo final de paz en una ceremonia emotiva -donde el color blanco fue el gran protagonista-  en la localidad de Cartagena de Indias, posiblemente reconocida desde ahora como “ciudad de la paz”.
Centenares de testigos acompañaron el momento. Jefes de Estado, jerarcas de organismos internacionales, miembros de la sociedad civil, así como representantes de diferentes credos religiosos, entre ellos el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin.
Todo comenzó con el canto de mujeres víctimas del conflicto. Luego con la rúbrica del acuerdo final y posteriormente con los discursos, que estuvieron a cargo, en primer lugar, del secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, quien saludó el proceso de negociación.
Pero uno de los momentos más significativos de la ceremonia se dio cuando el máximo jefe de las FARC, Rodrigo Londoño, “Timoleón Jiménez”, a su tiempo, pidió perdón a las víctimas de la guerra.
“Sinceramente, perdón a todas las víctimas del conflicto”, expresó.
Por su parte, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, también saludó el proceso de negociación que tuvo como desenlace la firma de la paz y dio la bienvenida a las FARC a la vida democrática del país.
Además, tuvo unas palabras de agradecimiento para con la comunidad internacional, entre ellos para el papa Francisco. “Y gracias, muchas gracias al papa Francisco, cuyos mensajes y oraciones animaron siempre nuestro camino hacia la paz”, indicó Santos.
La construcción de la paz recién empieza
El momento de júbilo y alegría, con palabras que están retumbando en diversos rincones del país, no debe opacar el anhelo más profundo de los colombianos que sueñan con una paz duradera.
El 2 de octubre el pueblo dará el veredicto final a este proceso a través de un plebiscito. Y en ese sentido, hay luces y sombras, pues no todos están de acuerdo con este proceso.
Hay muchas voces que se oponen radicalmente a la negociación (incluso entre cristianos) que se llevó a cabo entre el gobierno y las FARC, principalmente desde el lado de las víctimas del largo conflicto armado, así como en torno al futuro de los guerrilleros, puntualmente de los cabecillas, quienes deberían cumplir -expresan los que se oponen- determinadas penas que no serán contempladas en este acuerdo.
El expresidente Álvaro Uribe es uno de los que encabezan la oposición al acuerdo que se selló este lunes. A través de una carta difundida de puño y letra señala, entre otras cosas, que “los textos de La Habana no garantizan la paz” a pesar de que sea algo querido por todos.
Para Uribe, el acuerdo es de “impunidad total, viola la Constitución y las normas internacionales”. 
Es por ello que el proceso tiene luces y sombras, pero eso no quita que todos los colombianos anhelen lo mismo.
Organizaciones internacionales católicas celebran
“El Grupo de Trabajo por Colombia – GTC, integrado por 10 organizaciones Caritas de la Iglesia católica en Europa y Norte América y la alianza CIDSE de 18 organizaciones de desarrollo católicas europeas y norteamericanas, saludan los esfuerzos realizados para superar las violencias que históricamente han afectado a hombres y mujeres de diversas edades en todo el territorio nacional, especialmente a poblaciones en situación de mayor vulnerabilidad como la infancia, mujer, grupos étnicos, campesinado, que habitan zonas rurales y fronterizas, así como a las organizaciones defensoras de Derechos Humanos”.
Estas consideraciones fueron emitidas este lunes a través de uncomunicado y dejan de manifiesto la reiteración del compromiso cercano con la sociedad colombiana y su conflicto.
Volver a ser hermanos
“Esta oportunidad que se nos presenta nos exige un ideal común para el país, una visión clara de la nación en la que todos nos veamos identificados y comprometidos, para no perdernos en la dispersión de esfuerzos”, indican los obispos de Colombia en el comunicado difundido luego de la última asamblea plenaria denominado Artesanos de la Paz, bienaventurados los que trabajan por la paz.
La Iglesia católica en Colombia tomó una posición de neutralidad frente al plebiscito del próximo 2 de octubre. Sin embargo, no es ajena al proceso y ya está pensando en los desafíos a futuro como ser el trabajo a largo plazo en la etapa del posconflicto.
“Escucha hermano la canción de la alegría, el canto alegre del que espera un nuevo día, ven canta sueña cantando, vive soñando el nuevo sol en que los hombres volverán a ser hermanos”.
Así finalizó la ceremonia de este lunes. Pero la etapa de construcción que podrá de una vez por todas hacer valer lo que dicen esas líneas recién empieza.

Esperanza, la exguerrillera de las FARC que pide perdón por las calles

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y el líder de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”, firmaroneste lunes 26 se septiembre un anhelado acuerdo de paz que pone fin a un conflicto armado que causó en los últimos 52 años al menos 260.000 muertos y casi 7 millones de desplazados.
Ahora se espera el plebiscito del 2 de octubre donde el pueblo colombiano dirá la suya: ‘Sí o No’.
No obstante, en esta estrecha respuesta hay un mar de historias de vida. Están las historias de quienes piden perdón y de los colombianos que pueden aceptarlo con nobleza o en el caso contrario, negarlo.
En este video, Esperanza exguerrillera de las FARC desnuda su alma ante las cámaras. Ella fue reclutada por las FARC cuando solo tenía apenas 13 años. La mujer pidió a Antanas Mockus, ex candidato a la presidencia de Colombia, quien perdiera las elecciones contra Juan Manuel Santos, que le ayudara para confesar su culpa y pedir perdón a los colombianos por su pasado.
Un gesto motivador. Esperanza es una madre que se expone al repudio publico por su hijo de un año. Ella abandonó las armas porque su corazón de madre le decía que era hora de construir un país mejor y sin guerra, lejos de la ideología del conflicto.
Antanas Mockus, el exalcalde de Bogotá, es un matemático y pedagogo que por años ha querido enseñar a la ciudadanía a no botar papeles en la calle y respetar los semáforos rojos en una urbe de 8 millones de habitantes. Coherente, ahora presenta una pedagogía del perdón que enseña que detrás de la guerra hay personas y no “verdugos sanguinarios”.
Hombres y mujeres que combatieron entre sí en el monte colombiano y fueron víctimas y victimarios de la violencia. Ellos hoy tienen el “corazón en un puño” en este proceso de reconciliación. Seres de carne y hueso de un bando u otro del conflicto que viven un “plebiscito eterno” con una única cuestión:¿Mis hermanos colombianos, me perdonarán?
Esperanza no niega su pasado como recluta de las FARC, pero se considera también víctima de la guerra. Una niña en la pubertad con un fusil que fue llevada al monte para luchar una guerra ajena. Un círculo vicioso durante 52 años de “hermanos contra hermanos”.
Esperanza -perdió el significado de su mismo nombre- fue obligada a hacer algo que no entendía y para lo que no nació. De las muñecas tuertas que su madre campesina pasaba entre sus hijas mayores a las menores a empuñar un arma.
A los 13 años fui reclutada por las FARC, hoy pido perdón. Me das un gran abrazo”, escribió Esperanza en una pancarta. Después salió más atemorizada que en su primer día de joven recluta de las FARC a contar su historia en una calle de Bogotá.
Esperanza se puso un pañal de tela de su hijo en la cabeza -saben, de esos que se usan en el monte cuando hay privaciones- para taparse los ojos y con el cartel en su mano explicó a la gente que quería sentir el abrazo consolador de quienes podían odiarla por ser una ex guerrillera de las aborrecidas FARC.
“¿Se atreverían a abrazar a esta mujer?”, preguntó Antanas Mockus en su Facebook al publicar el vídeo que se ha vuelto viral.
En este contexto humano e incomprensible para quien está fuera,el perdón es el respiro vital del alma. Y quizás para que llegue la paz a Colombia, cada hombre y mujer esa tierra martirizada deberá abrazar a su supuesto enemigo y verlo como lo que es: un padre, una madre, un hijo, o un hermano.
El Evangelio nos enseña que “hay que pedir perdón sinceramente, con el corazón, y de corazón debe ser dado a quien nos ha ofendido”, esto parafraseando al papa Francisco (10.03.2015).
No perdamos esta oportunidad de abrazar al hermano que nos lo pide con sinceridad y quizás el perdón se extienda con brazos cálidos estrechando todo hogar y rincón de Colombia y quizá del mundo.
El presidente Santos ayer lo dijo: “Este es un conflicto menos en el mundo”.

Lo que Dios me enseñó sobre ansiedad y control

Permitid que os diga una cosa que, demasiado a menudo, yo mismo también olvido.
Dios está aquí y está activo.
muy activo de veras.
Aunque, sinceramente, tengo dificultades a la hora de entender y aceptar este hecho completamente.
Me explico.
Veréis, yo quiero control. Cuando era niño, dos acontecimientos de gran importancia dejaron mi mundo patas arriba. Mis padres se divorciaron y nos mudamos a una nueva ciudad, al mismo tiempo.
Fue una época de gran ansiedad debido a la gran incertidumbre. Volviendo la vista atrás, estoy seguro de que tuve unos cuantos ataques de pánico y un nivel de preocupación constante diario.
Para poder lidiar con mis problemas, mi padre me enseñó a crearme objetivos. La clave, me decía, está en confeccionar una visión clara de quién quieres ser y qué quieres hacer, luego trabajar duro, sacrificarte y mantenerte fiel. Y funcionó.
Era una sensación embriagadora, establecer un objetivo, conseguirlo y pasar al siguiente. Tenía el orgullo bastante inflado. Me encantaba recibir la aprobación de los demás. Y me concedía el control.
Ya no soy ningún niño, pero ese chico vive dentro de mí (y, como dijo un sabio, “el niño es padre del hombre”). Y a medida que he ido creciendo, he caído en la cuenta de que, aunque mi visión ha madurado y mis objetivos han cambiado, la verdad es que quiero incluso más control. Y aun así, tengo menos.
Ahora me doy cuenta de que hay cosas que nos suceden y que escapan a nuestro control.
Nos hacemos mayores. Cometemos errores. No siempre podemos resolver nuestros propios problemas o los de nuestros seres queridos simplemente trabajando duro. No podemos controlar el mundo en el que vivimos, ni siquiera nuestro propio barrio.
Y esto es algo inquietante.
Para alguien que se escabulló de la ansiedad infantil simplemente garabateando listas de objetivos en una agenda en blanco barata y esforzándose con tenacidad por lograr esas metas, esta pérdida de control puede ser un desencanto, si no directamente algo aterrador.
Pero aquí es donde empecé a aprender sobre la fe.
Me refiero a la fe verdadera.
Si creo en Dios —hablo de creer en que Dios está aquí ahora, que es una presencia activa y que me ama como soy, pero que quiere que sea algo maravilloso a sus ojos—, entonces tengo que confiar en Él. Tengo que desprenderme de todos mis rígidos esquemas.
Tengo que renunciar al control.
Pero es algo difícil, casi imposible. Arriesgado. Peligroso. Es un proceso de día a día en el que tener fe en que Dios es quien dice ser. Y que puedo confiar en Él.
Y a pesar de que he tenido dificultades con la crudeza de esta realidad, que afecta a mi propia seguridad, al centro mismo de mi identidad, me ha tranquilizado que otros mucho más grandes que yo han pasado por las mismas dificultades.
La gran oración de Thomas Merton me ha ayudado mucho:
“Señor mi Dios: No tengo idea de hacia dónde me dirijo. No veo el camino delante de mí. No puedo saber con certeza a dónde me lleva. Ni siquiera realmente me conozco a mí mismo. Y el hecho de que piense que te estoy siguiendo no implica que realmente lo esté haciendo. Pero creo que mi deseo de agradarte realmente te agrada. Y espero tener ese deseo en todo lo que haga. Espero no hacer nunca nada fuera de ese deseo y sé que si actúo así Tú me dirigirás por el camino correcto, aunque no conozca nada de él. Por lo tanto, confiaré siempre en Ti a pesar de que parezca estar perdido y en sombras de muerte. No temeré, porque Tú siempre estarás conmigo, y nunca me dejarás enfrentar mis peligros solo”.
La perspicacia del beato John Henry Newman me ha guiado:
“Dios me ha creado para una misión concreta. Me ha confiado una tarea que no ha encomendado a otro. Tengo mi misión. Puede que nunca la conozca en esta vida, pero me será revelada en la futura. (…) Por eso confiaré en Él. Sea lo que sea, esté donde esté, jamás seré abandonado. Si estoy en la enfermedad, mi enfermedad puede servirle; si en la perplejidad, mi perplejidad puede servirle; si estoy en el dolor, mi dolor puede servirle. Mi enfermedad o perplejidad, mi dolor puede ser la causa de un gran fin, que está muy por encima de nosotros. Él no hace nada en vano; Él puede prolongar mi vida, o la puede acortar; Él sabe lo que quiere. Puede quitarme mis amigos, puede dejarme entre extraños, me puede hacer sentir desolado, hacer que mi espíritu se hunda, ocultarme el futuro. Aun así, Él sabe lo que quiere”.
Y san Juan Pablo II me ha animado:
“No tengan miedo. No estén satisfechos con la mediocridad. Acechen en lo profundo y bajen sus redes para una pesca”.
Y simplemente por enfatizar el mensaje, no llegué hasta estas palabras de estos grandes hombres por mi propio esfuerzo. Creo que fueron depositadas ante mí por la mano invisible del Espíritu Santo.
En medio de la incertidumbre de la vida, no estamos llamados a tener el control. Estamos llamados a tener fe.
Si creemos en Dios –creemos de verdad en que es quien dice ser y que cumplirá lo que promete–, entonces estamos llamados a deshacernos de nuestros miedos y entregarnos a los brazos de Cristo.
Estamos llamados a regocijarnos en el amor en el que nacimos, en la dicha que encontramos en los misterios de la vida y en la paz que encontraremos al final de todo en nuestro futuro hogar celestial.
No tengo un control total. Y está bien.
Dios está aquí y está activo.
Y eso me aporta una gran paz.

15 sept 2016

"La clave fundamental no es el mercado, sino la vida"

A partir de septiembre de 2016, el expresidente uruguayo y senador José Mujica, mejor conocido como “Pepe” Mujica, tendrá en Deutsche Welle un formato propio. En su videocolumna quincenal que lleva el título Conciencia Sur: el mundo según Pepe Mujica, analizará y comentará temas destacados de la actualidad internacional.
En el primer capítulo, Mujica traza un panorama sombrío del mundo moderno y lamenta “el fanatismo, la corrupción, el afán de acumular dinero, la crisis fiscal, la debilidad del mundo para poner un impuesto a la concentración excesiva de la riqueza, la incapacidad de acuerdos planetarios que nos permitan cuidar a la naturaleza y la vida.”
Al mismo tiempo, el expresidente uruguayo confía en que los estudiantes y, en general, las futuras generaciones serán capaces de encontrar soluciones sostenibles a los principales desafíos de nuestro tiempo. Al respecto, “Pepe” Mujica recalca que “nunca el ser humano tuvo tantos recursos, tanta acumulación de ciencia, tanta sumatoria de capital, tantas dimensiones para cambiar la suerte del planeta."
José Alberto Mujica Cordano, nacido en 1935, estuvo 14 años en la cárcel como uno de los dirigentes de la guerrilla del Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros durante la dictadura. Recuperó la libertad en el marco de la amnistía decretada en marzo de 1985. Cuatro años más tarde los tupamaros fundaron el partido Movimiento de Participación Popular (MPP). De 2010 y 2015 Mujica fue presidente de Uruguay. Ya que Mujica dijo necesitar solo el 10 por ciento de su sueldo, donando el resto, también se le conocía como “el presidente más pobre del mundo”. Actualmente participa en la comisión internacional de seguimiento del proceso de paz en Colombia.