1 ago. 2016

Arthur Schopenhauer: "El límite de nuestros deseos razonables que se refieren a la fortuna es muy difícil, si no imposible, de determinar. Porque el contacto de cada cual a este respecto no reposa en una cantidad absoluta, sino relativa, a saber, en la relación entre sus deseos y su fortuna; así, pues, esta última, considerada en sí misma, está tan desprovista de sentido como el numerador de una fracción sin denominador. La ausencia de los bienes a los cuales nunca un hombre ha pensado en aspirar no puede privarle de ningún modo; quedará perfectamente satisfecho sin esos bienes, mientras que otro que posee cien veces más que el primero se sentirá desgraciado, porque le falta un solo objeto que codicia. Cada cual tiene también, respecto de los bienes que le está permitido conseguir, un horizonte propio y sus pretensiones no llegan a los límites de este horizonte. Cuando un objeto, situado dentro de sus límites, se le presenta de tal manera que pueda estar seguro de conseguirlo, se sentirá feliz; se sentirá, por el contrario, desgraciado, si, sobreviniendo obstáculos, se le arrebata aquella perspectiva. Lo que está más allá no ejerce ninguna acción sobre él" («Eudemonología»; Buenos Aires: Losada, 2008 [1851], páginas 54-54).

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