25 ago. 2016

EL SUFRIMIENTO DEL SIGLO XXI

La calles están llenas pero la gente está sola y sufre
Las calles están llenas de una multitud de ciegos y sordos ante el dolor del “hermano que sufre” poseídos de “insensibilidad y rechazo”: lo dijo el papa Francisco al reflexionar sobre la misericordia desde la perspectiva evangélica, durante la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro este miércoles 15 de junio de 2016.
Calles pobladas, pero gente sola
Después de la lectura bíblica del milagro del ciego de Jericó (Lc, 18, 35.37), el Papa afirmó que en nuestras calles que deberían de ser lugares de encuentro, hoy hay cada vez más personas solas y marginadas.
En especial señaló a los mendigos, los refugiados y los migrantes.
“¡Cuántas veces nosotros vemos en la calle gente con necesidad y sentimos rechazo! -lamentó-. Cuántas veces teniendo de frente a refugiados y migrantes sentimos fastidio e insensibilidad. Todos sentimos esto, también yo”, confesó.
Multitud de ciegos y sordos
El Obispo de Roma desnudó al rey de la insensibilidad que vive en cada uno de nosotros.
Y con su lenguaje original, él también se llamó parte de esa muchedumbre de ciegos y sordos que caminan por las calles privados de la capacidad de ver y sentir el amor, la solidaridad y la compasión.
En una jornada soleada, Francisco presidió ante decenas de miles de personas la audiencia general dedicada a la “luz de la misericordia”. La misericordia es precisamente el lema principal del Jubileo que concluirá en noviembre.
El Evangelio (Lc 18, 35-43) que utilizó para la predicación semanal revela que Jesús “acercándose a Jericó, restituye la vista a un ciego que mendigaba en el orilla del camino”.
“La figura de este hombre representa tristemente a tantas personas que, aún hoy, sufren discriminación y rechazo por parte de los demás”, señaló.
Enfermos de insensibilidad
Francisco habló de la multitud de enfermos de insensibilidad ante el dolor ajeno.
“Como entonces, también ahora la indiferencia y la hostilidad causan ceguera y sordera, que impiden percibir las necesidades de los hermanos y reconocer en ellos la presencia del Señor”, explicó.
Sin embargo, el Pontífice latinoamericano explicó a los fieles que, en contraste con esta actitud, Jesús que pasa, “no es indiferente al grito del ciego que, movido por la fe, quiere encontrarlo e invoca su ayuda”.
Jesús sana de la insensibilidad
“Y el Señor, como humilde servidor, escucha la súplica del ciego y le devuelve la vista”, añadió.
Francisco entonces insistió: “gracias a su fe el hombre ve, pero sobre todo, experimenta el amor de Dios que, en Jesús, se hace siervo del hombre pecador”.
Por último, saludó cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica.
E instó a los presentes a buscar a “Cristo, en el que brilla la fuerza de la misericordia de Dios”, para que Él “ilumine y sane también nuestros corazones, para que aprendamos a estar atentos a las necesidades de nuestros hermanos y celebremos las maravillas de su amor misericordioso”.

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