14 jun. 2016

Arthur Schopenhauer: "Todo el mundo sabe que se alivian los males sufriéndolos en común: entre esos males, los hombres parecen enumerar el tedio, y por eso se agrupan a fin de aburrirse en común. Así como el amor a la vida no es, en el fondo, más que el miedo a la muerte, así también el 'instinto social' de los hombres no es un sentimiento directo, es decir, no se funda en el 'amor de la sociedad', sino en el 'temor de la soledad', porque no es precisamente la afortunada presencia de los demás lo que se busca; se huye más bien de la aridez y la desolación del aislamiento, así como de la monotonía de la propia conciencia; para evitar la soledad, toda compañía es buena, hasta la mala, y se somete uno de buen grado a la fatiga y a la violencia que toda sociedad trae necesariamente consigo. Pero cuando el disgusto de todo eso ha tomado predominio, cuando, como consecuencia, se ha acomodado uno a la soledad y se ha endurecido contra la impresión primera que produce, de manera que no siente esos efectos que hemos señalado más arriba, entonces se puede tranquilamente estar siempre solo; no se suspirará más por el mundo, precisamente porque no es una necesidad directa y porque se ha acostumbrado uno en lo sucesivo a las propiedades bienhechoras de la soledad" («Eudemonología»; Buenos Aires: Losada, 2008 [1851], páginas 168-169).

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