25 jun. 2016

¿Qué opina de la formación de los filósofos en América Latina? MARIO BUNGE

Desde que tenía 16 años, Mario Bunge se interesó por las Ciencias Exactas y la Filosofía. Aunque en las últimas décadas algunos han intentado mostrarlas como antagónicas, para este científico son complementarias. Primero, estudió Física en la Universidad de La Plata y luego Filosofía por su cuenta. Es profesor emérito de la Universidad McGill. También ejerció el periodismo para la Agencia EFE. La reimpresión del libro ¿Tiene porvenir el socialismo? (Gedisa) causó un gran revuelo en México durante su lanzamiento. Por su oposición al peronismo tuvo que esperar hasta el año 1955 para poder ingresar como docente en el país austral. Desde 1966 vive en Canadá. Entre sus obras más destacadas se encuentran: Fundamentos de biofilosofía; Mente y sociedad; La investigación científica: su estrategia y su filosofía, y el más reciente, Mis memorias: entre dos mundos, además de muchas otras. Hablamos con él para conocer su visión sobre la apuesta de Colombia por la paz y la opinión que tiene frente a la desmovilización de las Farc.

Hay una situación preocupante y es que, en América Latina, muchas universidades tienen sus programas orientados hacia el estudio de autores y no por problemas de la realidad. Forman expertos en la obra de Sócrates y Platón, especialistas en Kant, algunos profesores repiten una y otra vez las palabras de Wittgenstein, datos anecdóticos de su vida, pero no brindan espacios para pensar filosóficamente. Ser filósofo no es repetir palabra por palabra fragmentos de la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, no.

¿Cuál es el perfil de un verdadero filósofo?

El filósofo es quien estudia los problemas de nuestro tiempo para buscar una solución, como lo hacen los científicos. No quedan muchos filósofos en América Latina, sino personas que han dedicado su vida a repetir las obras de otros pensadores como Marx, Hegel, Aristóteles, Walter Benjamín, y en los últimos años, de los charlatanes y delincuentes como Foucault y Jacques Derrida.

¿Por qué llama delincuentes a Michel Foucault y a Jacques Derrida?

Foucault falsea muchos datos en su ‘Historia de la locura en la época clásica’, y la ‘Deconstrucción’ es tan sólo un juego confuso de palabras que pasan ante los más ingenuos como sofisticadas. Tanto Foucault y Derrida fueron discípulos de Nietzsche, quien hacía parte de la reacción a la Ilustración. Todos ellos han cuestionado la idea de la verdad, como si fuese un valor. Nunca han resuelto un problema práctico, y han hecho mucho daño alejando a los jóvenes del estudio de la ciencia, que es clave para la convivencia, puesto que contribuye a la comprensión de nosotros mismos. Han comparado a los políticos con los científicos, algo absurdo.

¿Cuáles son las tareas fundamentales de los filósofos y científicos colombianos?

Una tarea que no da espera es revivir la Asociación Colombiana de Filosofía de la Ciencia. Recuerdo con gran aprecio a mi amigo Carlo Federici, quien fue uno de sus más importantes impulsores. Hoy existen algunos valiosos esfuerzos académicos en este ámbito, como la Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia, en la que participa uno de los discípulos de Federici, Gustavo Silva Carrero y en la Universidad del Valle, el profesor Germán Guerreo Pino. Por supuesto, todos los científicos, tanto de las Ciencias Exactas como sociales, deben buscar contribuir a culminar los problemas de Colombia investigando, develando la realidad, buscando la verdad, dejando atrás las pseudociencias como el psicoanálisis. Son muchas las tareas que tienen pendientes.

Hablemos de la relación entre el político y el científico, algo que sigue siendo debatido en las universidades colombianas...

Los científicos no hacen política. Algunas personas que han estudiado alguna carrera científica y son pésimos investigadores, hacen lobby para conseguir un puesto más alto en la universidad, pero son una minoría. Los verdaderos científicos buscan nuevos conocimientos que ayudan a transformar la sociedad, pero Foucault y Nietzsche no lo pudieron comprender porque estaban ensimismados, enfermos de ego, posando, buscando siempre ser vistos, como algunos de sus discípulos que posan una y otra vez ante los medios de comunicación y cuando hablan, no dicen nada importante. Afortunadamente, el posmodernismo está moribundo.

¿Cuál debe ser el papel de los científicos en la actual coyuntura que vive el país?

Investigar y producir conocimiento útil para la aplicación de las políticas públicas en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas. Esto no quiere decir que se deban inmiscuir en debates políticos, sino que deben asesorar a los políticos en la búsqueda de la paz. Cuando el científico se inmiscuye en la política pierde la objetividad.

Algunos temen que los excombatientes de las Farc no puedan adaptarse a la cotidianidad sin armas. ¿Qué opina?

Por supuesto que podrán reintegrarse. En la historia de la humanidad siempre ha sido así. Fíjese lo que pasó en la primera y segunda Guerra Mundial. La gente que peleaba en distintos bandos tuvo que retornar a la vida civil, a la vida cotidiana. Lo que quieren todas las personas es vivir de forma tranquila, nadie quiere vivir en la guerra. Muchas veces los que participan en la guerra lo hacen contra su voluntad, porque no tienen otra forma de ganarse la vida o fueron forzados y la única manera de sobrevivir es haciendo parte de ella. La guerra nunca resuelve un problema y no es útil para nadie, excepto para los fabricantes de armas, que se enriquecen de ella.

¿Lo siguen sorprendiendo los descubrimientos científicos?

Por supuesto, la realidad humana está repleta de vacíos que debemos explorar. Todos los días, las investigaciones científicas avanzan a pasos de gigante. Cada día se descubre una nueva arista de un fenómeno, eso me parece fascinante.

¿Cuál sería su recomendación para los encargados de impulsar la investigación científica desde el Gobierno?

En lugar de recortar los dineros para investigación, lo que se debe hacer es impulsar las asociaciones de científicos y apoyar a quienes quieren difundir la ciencia con autonomía; pero en este momento, en Colombia, es importante el desarrollo y la investigación científica, porque es la única vía para acabar con los problemas de la sociedad y sepultar la amplia desigualdad que ha ocasionado en su país muchos males. Recuerde que, como decía Jean-Jacques Rousseau, la desigualdad es la fuente de todos los problemas sociales.

¿Qué tanto impacto tienen en el mundo las investigaciones científicas desde el Sur Global y el mundo ibérico?

En los últimos años ha habido un aumento considerable de papers y patentes desde América Latina, pero aún es bajo, comparado con la producción científica que tiene lugar desde los Estados Unidos. Argentina y Brasil puntean la producción. La culpa de este retraso en la investigación la tienen en gran medida las relaciones coloniales primigenias con España, para aquella época, el imperio más confesional y retrógrado. En España continúan reinando la espada y la cruz, su contribución al desarrollo científico es hoy mínimo.

En su más reciente libro ¿Tiene porvenir el socialismo?, en colaboración con otros autores, cuestionan sobre las posibilidades de este sistema de producción? En América Latina hemos visto cómo han venido en debacle los gobiernos que se autoproclamaban de izquierda. Luego de la experiencia europea, soviética y esta reciente ola en América Latina, ¿podrá sobrevivir una nueva experiencia de socialismo en otra parte del mundo?

Es una pregunta difícil de responder, ya que versa sobre el futuro. Pero, debemos señalar que algo innegable es la desaparición del modo de producción capitalista, que cada día está acabando con los recursos naturales y humanos. Las experiencias del socialismo fracasaron porque eran marxistas, es decir que buscaban la respuesta a los problemas que enfrentaban en los textos de Marx y Engels, luego en Lenin y otros pensadores, pero esos textos nada podían decirles. En América Latina sucedió igual, cuando ni siquiera Marx estudió la realidad latinoamericana. Entonces el marxismo se convirtió en una forma de colonialismo intelectual. Todos veían a los campesinos como señores feudales, hablaban de burgueses y proletarios, cuando la industria era apenas incipiente. Los recientes experimentos también han caído por ese colonialismo intelectual que busca resolver las contingencias con los escritos de pensadores del siglo XIX, dejando de lado las recomendaciones de los científicos contemporáneos.

Otro de sus centros de interés es la filosofía de la medicina. Los sistemas de salud en América Latina en países como Colombia, experimentan diversos problemas que afectan la calidad de vida de sus pacientes y de sus trabajadores. ¿Qué pueden hacer los médicos frente a este panorama?

En principio organizarse en sociedades médicas y luchar, pero no sólo por la difusión de sus investigaciones sino también por objetivos gremiales, por sus derechos: que se les pague bien, que se evite la sobre carga laboral -es muy peligrosos para un paciente ser atendido por un médico que no ha dormido ocho horas-. Una buena calidad de vida para los médicos se transmite a sus pacientes.

¿Qué recuerda de su primera visita a Colombia?

Visité el país en los años setenta, atendiendo una invitación de la Academia Colombiana de Ciencias. Mi charla era un día domingo, pensé que nadie asistiría, pero el auditorio estaba a reventar. Desde los últimos asientos me gritaron, “maestro, ¿qué es el amor?”, los asistentes estallaron en risas, yo quedé desconcertado. Esperaba una pregunta sobre otros temas y, bueno, no había estudiado el amor. Desde ese momento empecé a examinar el tema con rigor. El amor es una parte fundamental de la realidad humana y animal, y su comprensión científica también es una tarea de los investigadores.

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